domingo, 15 de junio de 2014

Peter Kürten: "El vampiro de Düsseldorf"


El temible "vampiro de Düsseldolf" está considerado como uno de los más sanguinarios asesinos en serie de todos los tiempos por los expertos criminólogos y psicólogos que han seguido su caso de cerca.

Nació en 1883 en Colonia (Alemania) en una familia tan pobre como numerosa (era el tercero de trece hermanos), y todos habitaban bajo pésimas condiciones en un espacio muy reducido y un ambiente familiar deplorable. Su
padre, en el paro, era alcohólico y de muy mal carácter, pegaba frecuentemente a su mujer e hijos.

Cuando sólo contaba con ocho años, Peter hace una primera tentativa de fuga y se escapa de casa harto de los malos tratos...
Cuando su familia se traslada a Düsserdolf en 1884, se evade de nuevo y comienza a vivir como un vagabundo, de pequeños hurtos, dando muestras a tan temprana edad de instintos criminales:
disfruta estrangulando ardillas y maltratando a los perros callejeros que se cruzaban en su camino, así como a otros animales para ver correr su sangre, cometiendo además actos zoofílicos con ovejas a las que degollaba una vez alcanzado el orgasmo.

En una ocasión trata incluso de violar a una de sus hermanas más jóvenes.

La primera condena la cumpliría en 1897 por robo, y así muchos más actos delincuentes que lo obligan a pasar cerca de veinte años entre rejas.

En 1913 comete su primer crimen sexual: viola y degolla salvajemente a
Christine Kelin, una niña de 13 años.
Años más tarde, cuando él mismo contaba con cuarenta, su vida parece
dar un giro y contrae matrimonio con
una mujer de buena familia.

Cambia de aspecto vistiendo con mucha elegancia y sencillez, se peinaba con brillantina (producto casi desconocido en Alemania en aquella época), usaba gafas, lucía un recortado bigote, e incluso usaba polvos faciales.

Como la mayoría de los sádicos sexuales, Kürten parece llevar una vida normal como cualquier buen esposo.

Trabajaba como conductor de camiones, y su mujer jamás sospechó que tras un hombre tan educado y atento como su marido podría esconderse el autor de crímenes tan sangrientos.

Entre 1925 y 1930 se suceden en la
pequeña localidad alemana una serie
de crímenes que estremecen y sensibilizan a toda la población, similar a la que padeció Londres en tiempos de otro conocido asesino: Jack el Destripador.

A pesar de que la policía alemana contaba con métodos muy por encima de los que disponía Scotland Yard en 1888, tardaron varios años en tener alguna pista del misterioso criminal a quién
terminaron apodando unos "El Vampiro de Düsserdolf" y otros "El rey del crimen sexual".

Kürten tiene por costumbre el beber la sangre de sus víctimas y de matar animales cuando tiene sed. A veces se divierte incendiando las casas abandonadas, esperando ver arder algún vagabundo que durmiese en su
interior.

De hecho, a su tercera víctima, una niña de nueve años llamada Rose Ohliger, la rocía de gasolina y le prende fuego para complacerse viéndola arder en una terrible agonía.

La policía, viendo por momentos su
autoridad y reputación comprometidos, lleva a cabo continuas redadas y abundantes controles rutinarios a la busca y captura del feroz asesino.
Incluso algunos grupos de delincuentes y bandas callejeras se unen a la "caza" del vampiro con tanto interés por detener la ola de crímenes como las mismas fuerzas de seguridad.

Hasta la fecha, se le inculpaban nada menos que ocho terribles asesinatos y catorce asaltos.
Afortunadamente para todos, cometió un grave error en 1930 que le costaría su detención. Tras un atentado criminal fallido contra María Butlier, la mujer logra escapar y proporcionar una
detallada descripción de Kürten.

Al mismo tiempo, éste se asusta al leer
la prensa y ver su retrato robot en la
portada de los periódicos, por lo que
confiesa la totalidad de los crímenes a
su esposa mientras charlaban, quitándole importancia a los hechos
como si se tratase de simples travesuras infantiles.

La señora en un principio se desmaya de la impresión, pero finalmente, asustada y asqueada pone las declaraciones de su marido en conocimiento de la policía. (quién tuvo que poner en libertad a algún detenido que coincidía con la
descripción del verdadero asesino).

Durante el juicio, se dedicó a escribir
cartas a los padres de las víctimas en
las que se disculpaba de una manera
muy peculiar: alegando que él necesitaba beber la sangre lo mismo
que otras personas necesitan beber el
alcohol... (Pese a que no disculpe en absoluto sus crímenes, lo cierto es que sí padecía de "hematodipsia", una
patología que consiste en obsesión
compulsiva por consumir sangre, bajo
implicaciones sexuales.)

Finalmente tras una hora y media de
deliberación, el jurado pronunció su
veredicto de culpabilidad para Peter
Kürten, quién fue sentenciado a nueve
penas de muerte. ( ¡Según las leyes de
la época, era posible condenar a más
de una pena de muerte!).

Hasta el último minuto se creyó que
iba a recurrir al veredicto para tratar
de librarse de ser decapitado, pero el
asesino no apeló y guardó la calma hasta el día de la ejecución con calma absoluta. Tan sólo se manifestó para
pedir una última voluntad, y era que cuando lo decapitase el verdugo, le
dejasen escuchar durante unos minutos cómo su propia sangre goteaba en el suelo...

El 2 de julio de 1931, a las seis de la mañana, en el patio de la prisión de Klügelpüts (Colonia), se cumplía su deseo.

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